Y por qué no...

Política, sociedad, etc. Opiniones personales a gusto de algunos.

Desde hace unas semanas estamos pudiendo observar una de esas preciosas demostraciones de lo que es la llamada “frágil masculinidad”, consistente en que los mismos que se suelen dar golpes en el pecho e intentan que su voz sea la que suene más alta en su caverna, dándoselas de muy machos (y cualquiera que lo encuentre ridículo es un “beta”), son los primeros en salir a hacerse las víctimas porque “las feminazis odian a los hombres”. Entendiendo que identifican como “feminazi” a cualquier mujer que denuncia el machismo en la sociedad y como “hombres” a... ellos, que se creen la mejor representación y a todo lo que debería aspirar un “hombre de verdad”.

Y en este caso la frágil masculinidad se ha topado con un personaje de cómic llevado al cine y con la actriz que le da vida en la pantalla, para convertirlo en la representación de todos sus miedos. Porque, aunque jamás lo admitan, es imposible no recordar a Galeano:

“El miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.”

El personaje en concreto es la “Capitana Marvel” y la actriz la oscarizada Brie Larson, que se han convertido en el centro de críticas sin que se haya producido el estreno de la película siquiera.

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Si alguna vez os habéis preguntado cómo es posible que haya tanto machista que lo primero que hace cuando se denuncia la violencia contra las mujeres, incluso cuando se hace por otra violación u otro asesinato más, es gritar “¡Denuncias falsas!”, no hace falta buscar mucho para reconocer los mecanismos de esa máquina de “enmierdar” que usan sin ningún disimulo.

Pongamos un ejemplo práctico a raíz de ese autobús con el rostro de Hitler y el texto “Stop feminazis” fletado en España y una conversación en la red social Twitter iniciada por el actor Juan Diego Botto.

Rápidamente a la conversación en la que ya se hablaba de “500 denuncias al día” se suma uno de estos personajes típicos para asegurar corriendo que la mayoría de las denuncias son archivadas, dejando entrever, por supuesto, que si se archivan es porque son falsas; y dando el dato del 70-80%.

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Gritos de “¡Ánimo!” a quien ha sido pillado defraudando millones de euros... porque es un futbolista. Y me da lo mismo la camiseta que vista, si se llama Ronaldo, se llama Messi, se llama... Porque esa es otra; que habrá todavía ineptos que no lleguen más allá de creer que la crítica es por el color de una camiseta o la afinidad por un equipo y responda “seguro que si es del Barcelona... seguro que si es Messi... seguro que...”.

Estáis gritando “¡Ánimo!” a quien ha terminado reconociendo que ha defraudado millones de euros. Estáis haciendo lo mismo que Rajoy escribiéndole a BárcenasLuis, sé fuerte”.

Pero no aprendéis. Nunca. Por mucho que después os escupan en la cara diciendo que la culpa de la crisis es vuestra porque cuando pedisteis el préstamo para el piso también aprovechasteis para el coche. Por mucho que digan que la culpa es vuestra “por vivir por encima de vuestras posibilidades”.

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No podía fallar.

Al ridículo de la demostración práctica del concepto “frágil masculinidad”, regada a base de lágrimas de macho tras el anuncio de Gillette porque se habían atrevido a señalar los comportamientos de la masculinidad tóxica defendidos con el “boys will be boys”; a la respuesta furibunda porque se atrevieran a preguntar si no podríamos ser mejores que eso, se ha sumado corriendo una compañía para erigirse en la defensora, mediante otro anuncio, de todo “lo buenos que son los hombres”.

No podemos esperar que les entre en la cabeza a los que desenfundan el “not all men” como si se creyeran en una película del Oeste que el anuncio no era un ataque a los hombres del que se tengan que defender. Solo la constatación de que los hombres no solo podemos sino que tenemos que superar esos roles grabados por una sociedad machista, que es la que nos pisa en cuanto nos alejamos de lo que debe ser un “macho” señalándonos por no dar la talla como “hombre”.

Así pues una compañía de relojes ha publicado corriendo un anuncio en respuesta a Gillette, para señalar “lo bueno que hay en los hombres”, porque incluso el punto de partida es tan básico y pueril como el demostrar que no les ha dado el razonamiento más allá que para creer que Gillette demonizaba a los hombres y la respuesta, por lo tanto, debía ser, “oye, que los hombres hacemos muchas cosas buenas”.

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Que un producto más de una sociedad machista haya secuestrado, violado y asesinado a su hija, le otorga la empatía de toda la gente que lo condenó, pero no la razón en sus opiniones y, con esta, ni siquiera el respeto.

De toda la gente que criticó como incluso se hablaba mientras su hija estaba desaparecida de la ropa que llevaba en tal foto, de si era de ligar por internet, de si tenía amistades no deseables, de si ella se había subido a un coche, de si...

De toda la gente que aborreció el morbo que generaron durante un año desde medios basura, la mayoría lo hizo precisamente desde el feminismo.

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Me imagino que la mayoría ya habrá visto la polémica desatada, o más bien las reacciones furibundas a la defensiva tras el anuncio de Gillette por atreverse a hacer algo tan peligroso como ponernos a los hombres delante de un espejo y preguntarnos si eso es lo mejor que podemos llegar a ser.

Esas respuestas son las muestras más claras de hasta qué límite el machismo social educativo ha conseguido cegarnos.

Las respuestas de quienes no son capaces de ver más allá de un ataque y, antes de valorar el cambio, necesitan directamente defenderse. Y si es posible gritar “¡No todos los hombres!

La respuesta de los que prefieren no aceptar nada positivo en que un día nos deje de parecer normal ver como dos chavales se zurran porque “son cosas de chicos”. Los que no dedican ni una reflexión a si actuar contra el bullying, o frenar a alguien que acosa a una mujer lo único que nos puede hacer es avanzar.

La respuesta de los que antes de pensar “¿no podemos ser mejores?” deciden, porque en su cabeza les es más sencillo, que se deben proteger de cualquier cambio. Que ellos son hombres “de verdad”, y que cualquier intento de evolucionar su comportamiento, cualquier atisbo de abandonar ese rol de macho social, debe ser combatido.

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Una mujer asesinada cada semana.

Entre tres y cuatro mujeres violadas cada día.

Incontables casos de maltrato, acoso, etc.

¿Qué es lo único que no falla en cada ocasión incluso cuando la sangre aún gotea?

Los gritos de “¡Denuncias falsas!”.

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¿Cuál es la diferencia entre que hace cuatro años protagonizar un sketch donde te sonabas con la bandera casi no tuviera repercusión y que ahora la jauría se lance a por ti?

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Según los mismos que llaman “clase media trabajadora” a quienes cobran 130.000 €/año (10.833 €/mes), para quejarse de que les van a subir los impuestos, hay que impedir que se suba el salario mínimo de poco más de 700 a 900 €/mes porque eso arruina el país...

Mapa de España de la corrupción

No los defraudadores que se han acogido a la amnistía fiscal para quedar libres pagando una miseria. No los de las tarjetas black. No los de las cuentas en Suiza y empresas offshore en Panamá. No los que han inflado costes de obras y ordenado aeropuertos fantasma y campeonatos de Fórmula 1 para repartirse beneficios con amiguetes. No los de los EREs. No los de los trapicheos con constructoras. No los de los acuerdos de ventas de viviendas de protección tiradas de precio a fondos buitre. No los de los despidos blindados en entidades bancarias rescatadas con dinero público. No los de las empresas que a base de ingeniería fiscal y sedes fuera pagan lo menos posible aquí. No los de...

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Foto | The Guardian

No lo entiendo. Bueno, entiendo el proceso, pero me aterra lo lejos que queda de cualquier lógica. Lo enormemente absurdo que resulta ver que una y otra vez la gente en una situación de crisis es capaz de convertir en salvador el discurso del odio.

Que una y otra vez funcione el miedo, la frustración y la rabia, para que la gente prefiera cambiar el pensar por sí misma por la supuesta seguridad de pertenecer a una masa ciega. Masa que se mueve azuzada por el salvajismo de los que buscan en lo diferente al enemigo.

Que haya quien todavía sea capaz de disfrazar como la virtud de ser “políticamente incorrecto” al vomitivo discurso machista, racista, homófobo...

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