Y por qué no...

machismo

Ana Orantes llevaba décadas sufriendo el maltrato de su marido. Venía de aquella época donde lo que pasaba entre las paredes de tu casa se quedaba en casa y hablarlo era casi impensable. Donde si pedías ayuda te podían responder “en la salud y la enfermedad” y que tenías que cumplir los votos, aunque significara que un día te arrebataran la vida.

En 1997 contó tantos años de sufrimiento en televisión, en Canal Sur.

Los malnacidos que siguen negando que exista una violencia machista le responderían hoy con el bulo que intenta generalizar las “denuncias falsas”. E incluso la acusarían de arruinar la vida a su asesino, al que le buscarían múltiples excusas.

Porque, como tantas mujeres que hoy en día han visto como eran asesinadas tras denuncias que se quedaban en nada (la caverna machista las cuenta siempre como “falsas”) y tantas otras a las que les roban la vida sin que se hubieran atrevido a denunciar, sabiendo el nulo apoyo que iban a encontrar por parte de demasiados, Ana Orantes se convirtió en una cifra más del horror solo 13 días después.

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Hombres que gritan ofendidísimos “¡No todos los hombres!” cuando se protesta contra los violadores dándose por aludidos.

Los mismos que en el caso de los jugadores de fútbol dicen que la culpa es de la menor por haberse ido a un piso con ellos.

Los mismos que cuando se supo que una mujer se suicidó después de que un vídeo sexual suyo circulara por su empresa dijeron que era culpa de ella el hacer esas cosas porque “Los hombres no somos capaces de tener un vídeo así y no enseñarlo”.

Los mismos que cuando salió el vídeo del abuso a una chica inconsciente en un coche en Pozoblanco por parte de una piara soltaron “¿Y por qué se ha montado en el coche con ellos?”.

Los mismos que en la violación en San Fermín siguen repitiendo que si una chica se va con cinco tíos...

Los mismos que cuando asesinaron a Nagore Laffage preguntaban por qué se había ido al piso con él y si era ligona.

Los mismos que cuando los rumores decían que Diana Quer podía haber montado en un coche con unos desconocidos se lo echaron en cara. Y después también que volviera sola.

Los mismos que culparon a Laura Luelmo porque supuestamente se había ido a correr sola y claro...

Los mismos del “Pues que no hubiera bebido tanto”.

Los mismos del “Es que si dedica a calentar después no puede dejar a un tío así”.

Los mismos del “¿Y qué se esperaba?”.

Los mismos del “Cantan que la culpa no es de ellas pero después mira como visten”.

Todos esos que gritan “¡No todos los hombres, nos meten en el mismo saco, dicen que soy un violador solo por ser hombre!” son los primeros que, culpando a las mujeres por haber hecho o dejado de hacer, en realidad están diciendo que cualquier hombre sí puede ser un violador solo por ser hombre, que no puede evitarlo y que la culpa es de ella, por no haberles tratado como tal, por no haberles tenido miedo, por no haberse protegido lo suficiente de ellos, por haber “provocado” que la violaran.

A los que gritan “¡Odian a los hombres!” se les odia poco.


#machismo

Si te importa más gritar “no todos los hombres” y soltar tus “lágrimas de macho” que condenar todos los casos de mujeres acosadas, maltratadas, violadas y asesinadas, no eres un hombre.

Si no comprendes que quienes insultan la palabra “hombre” son otros hombres como tú que acosan, maltratan, violan y asesinan, no eres un hombre.

Si prefieres señalar como tus enemigas a las mujeres que reclaman que no las acosen, maltraten, violen y asesinen en vez de a los acosadores, maltratadores, violadores y asesinos, no eres un hombre.

Si mientras siguen siendo acosadas, maltratadas, violadas y asesinadas innumerables mujeres tienes la poca vergüenza de presentarte como la verdadera víctima oprimida, no eres un hombre.

Si quieres ser un hombre (no dártelas de), intenta al menos llegar a ser humano decente. En caso contrario solo serás un macho más, cómplice del mismo machismo en el que te revuelcas.


#machismo #NotAllMen #MaleTears

Hace aproximadamente un año escribía sobre algo sucedido en un programa de televisión que tenía a la gente cabreadísima.

Un humorista se había atrevido a hacer en un programa televisivo un sketch donde parecía sonarse con un trapo de colores, en concreto la bandera de España. Un puñetero trapo de colores. Porque sean los colores que sean siguen siendo trapos tintados.

Hubo empresas que anunciaron, mientras se daban golpes en el pecho por su orgullo patriótico, que se retiraban como anunciantes del programa. Pero peor aún fue la jauría clamando contra el programa y contra cualquiera que no compartiera sus espumarajos de rabia. Por un trapo.

Es más, en Facebook, un enajenado que una y otra vez comparaba el “insulto” contra el trapo con que se mearan en la foto de una madre, hermana, etc., me amenazó cuando le dije que su problema era poner al mismo nivel un trapo que una mujer y esperaba que no impartiera esas enseñanzas a sus vástagos.

Pero por desgracia es peor.

No ponen a la misma altura una mujer que un trapo.

Ayer se conocía aún más sobre la conducta vomitiva de un programa televisivo donde todo parece indicar que violaron a una concursante casi inconsciente. Algo que fue grabado mientras no se hizo nada para impedirlo.

Después le hicieron ver el vídeo sin previo aviso y sola mientras ella pedía que pararan y se derrumbaba... Y también grabaron todo ese momento en que rompían a un ser humano para, encima, soltarle que no dijera nada “por el bien de ambos”.

“Ambos”.

Ahora pensad donde están aquellos juraban que no iban a volver a ver el programa humorístico hace un año, aquellos que pedían el boicot, que insultaban al humorista, que exigían el cierre del programa, que publicaban henchidos de orgullo que dejaban de patrocinar el programa o que, incluso, te amenazaban. Todo por un puñetero trapo.

No ponen a la misma altura una mujer que un trapo. Para todos esos, vales menos que un trapo.


#Machismo #ViolenciaMachista #Televisión

Una mierda de “concurso” televisivo en España graba como parece que un hombre puede estar violando a una chica inconsciente. No se hace nada para impedirlo.

Más tarde, sin avisarle, sin que nadie la acompañe, le emiten las imágenes a ella. Son minutos de vídeo y ella pide repetidamente que paren, que la dejen salir, mientras le responden que “espere”.

También lo graban. Ahora otra basura, un “diario de información” digital, ha emitido esa segunda grabación. Esa donde le muestran sin previo aviso esas imágenes y graban, como si fuera una parte más del “concurso” su reacción.

Han publicado un vídeo mostrando como se hunde, como se rompe un ser humano mientras observa como todo parece indicar que está siendo violada.

Porque no les parece suficiente con una violación.

Y eso si dejamos de lado que, al parecer, el “concurso” le dijo que mejor no hablara “por el bien de ambos”.

Ambos”. Ella, que acababa de ver como al parecer nadie impidió que la violaran. Y él. El bien de él.

Pero oye, machismo, ¿en España? ¡Qué va! ¡Aquí no hay nada de eso!


#Machismo #ViolenciaMachista

Me hace “gracia” cada vez que leo esas respuestas furibundas asegurando que no hay machismo y que las que lo denuncian son unas exageradas, histéricas, amargadas y/o “feminazis” exageradas, histéricas, etc.

Me hace “gracia” también cuando, entre las solicitudes de privados en redes sociales, aparece siempre algún macho, subiéndose por las paredes de su caverna tras leerme algún comentario o artículo, que se ha creído en la necesidad de explicarme por qué no hay machismo; y lo ilustra aclarándome que soy un “beta” o un “planchabragas”.

Porque no hay nada que deje más claro que lo del machismo es un invento que intentar insultar atacando la “hombría” usando palabras como bragas o el categorizar entre machos “alfa” (identificando al “hombre de verdad” como el “triunfador” que choca los cuernos al estilo macho cabrío o se golpea el pecho estilo gorila de lomo plateado para ser el líder de su manada y llevarse a las hembras) y “beta” (cualquiera que no se comporte como el típico gañán de tasca buscando las risas y las palmaditas del resto de gañanes).

Pero más allá de que la mejor prueba del machismo en la sociedad sean los propios machistas comportándose como tales hay muchísimos más detalles en el día a día que demuestran como esa lacra no se limita exclusivamente a los insultos o, en el extremo más visible, a los casos de acoso, maltrato, violaciones o asesinatos.

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Desde antes de la primera sentencia y, más aún, después de la misma y hasta hoy mismo, todavía hay quien me ha comentado que el abogado de la piara (que se hacían llamar “manada”) solo estaba haciendo su papel defendiendo a sus clientes, como contestación a cada una de sus salidas, a cada uno de sus desprecios, a cada una de sus declaraciones. Y hoy vuelve a la carga y habrá quien le siga excusando porque “solo hace su trabajo”.

No, no estaba solamente defendiendo a sus clientes, no estaba esgrimiendo su conocimiento jurídico para lograr su absolución sin más. Su abogado se estaba comportando como cada uno de esos machos cavernarios que no han necesitado conocimientos de leyes para apoyar a cinco VIOLADORES.

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Ayer los jueces del Tribunal Supremo emitían su veredicto en el llamadoCaso de la Manada” corrigiendo las resoluciones anteriores que habían condenado la violación de una chica por parte de cinco hombres como abuso, y no como agresión sexual (aplicando por lo tanto una condena menor), al haber decidido mirar hacia otro lado para no creer en la existencia de intimidación suficiente contra ella.

La noticia del fallo final y la posterior detención de los cinco violadores, que llevaban un tiempo en libertad paseándose tranquilamente por las calles, fue recibida con alegría y como una victoria importantísima y necesaria. Y desde luego lo es, igual que ha sido importantísima y necesaria la reacción de gran parte de la sociedad que ha decidido no callar; pero también es una victoria aterradora.

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No fue abuso, fue violación. Pero recordemos...

Recordemos que todavía queda el caso de Pozoblanco.

Recordemos que se reían y aplaudían entre ellos por como eran capaces de abusar de una mujer inconsciente preguntando que habían hecho con ella después; si la habían convertido en otro caso Marta del Castillo.

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Mil mujeres asesinadas. No mil mujeres “muertas” como repiten los titulares cada vez que una mujer es acuchillada, tiroteada, estrangulada, tirada por una ventana. Porque no “mueren” como si hubiera sido su elección, como si no tuvieran nada mejor que hacer en ese momento. Son asesinadas.

Pensarlo. En cualquier otra circunstancia en la que habláramos de mil personas asesinadas nos llevaríamos las manos a la cabeza pero, aquí, el mayor problema es que una parte demasiado grande de la sociedad sigue mirando hacia otro lado. Y no me refiero únicamente a los que son tan despreciables que llegan a intentar minimizar asesinatos comparando cifras con las de fallecidos en la carretera o la construcción, restando importancia de esa forma a todas esas vidas, aunque hayan sido arrebatadas por las manos de otra persona, amontonándolas en una balanza al peso, insultándolas al usarlas de esa forma.

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