Y por qué no...

violenciamachista

Hace aproximadamente un año escribía sobre algo sucedido en un programa de televisión que tenía a la gente cabreadísima.

Un humorista se había atrevido a hacer en un programa televisivo un sketch donde parecía sonarse con un trapo de colores, en concreto la bandera de España. Un puñetero trapo de colores. Porque sean los colores que sean siguen siendo trapos tintados.

Hubo empresas que anunciaron, mientras se daban golpes en el pecho por su orgullo patriótico, que se retiraban como anunciantes del programa. Pero peor aún fue la jauría clamando contra el programa y contra cualquiera que no compartiera sus espumarajos de rabia. Por un trapo.

Es más, en Facebook, un enajenado que una y otra vez comparaba el “insulto” contra el trapo con que se mearan en la foto de una madre, hermana, etc., me amenazó cuando le dije que su problema era poner al mismo nivel un trapo que una mujer y esperaba que no impartiera esas enseñanzas a sus vástagos.

Pero por desgracia es peor.

No ponen a la misma altura una mujer que un trapo.

Ayer se conocía aún más sobre la conducta vomitiva de un programa televisivo donde todo parece indicar que violaron a una concursante casi inconsciente. Algo que fue grabado mientras no se hizo nada para impedirlo.

Después le hicieron ver el vídeo sin previo aviso y sola mientras ella pedía que pararan y se derrumbaba... Y también grabaron todo ese momento en que rompían a un ser humano para, encima, soltarle que no dijera nada “por el bien de ambos”.

“Ambos”.

Ahora pensad donde están aquellos juraban que no iban a volver a ver el programa humorístico hace un año, aquellos que pedían el boicot, que insultaban al humorista, que exigían el cierre del programa, que publicaban henchidos de orgullo que dejaban de patrocinar el programa o que, incluso, te amenazaban. Todo por un puñetero trapo.

No ponen a la misma altura una mujer que un trapo. Para todos esos, vales menos que un trapo.


#Machismo #ViolenciaMachista #Televisión

Una mierda de “concurso” televisivo en España graba como parece que un hombre puede estar violando a una chica inconsciente. No se hace nada para impedirlo.

Más tarde, sin avisarle, sin que nadie la acompañe, le emiten las imágenes a ella. Son minutos de vídeo y ella pide repetidamente que paren, que la dejen salir, mientras le responden que “espere”.

También lo graban. Ahora otra basura, un “diario de información” digital, ha emitido esa segunda grabación. Esa donde le muestran sin previo aviso esas imágenes y graban, como si fuera una parte más del “concurso” su reacción.

Han publicado un vídeo mostrando como se hunde, como se rompe un ser humano mientras observa como todo parece indicar que está siendo violada.

Porque no les parece suficiente con una violación.

Y eso si dejamos de lado que, al parecer, el “concurso” le dijo que mejor no hablara “por el bien de ambos”.

Ambos”. Ella, que acababa de ver como al parecer nadie impidió que la violaran. Y él. El bien de él.

Pero oye, machismo, ¿en España? ¡Qué va! ¡Aquí no hay nada de eso!


#Machismo #ViolenciaMachista

En 2016 tenía 14 años.

Había bebido y fumado algún porro en un botellón y perdió la consciencia.

Un hombre se la llevó y la violó. No era “todos los hombres” pero sí un hombre que seguramente se las da mucho de serlo, como suelen ser estos “hombres”.

Volvió a avisar a sus amigos, porque los que también se las dan de macho se sienten más machotes con sus amigos.

Se repartieron turnos. Programaron el tiempo que les correspondía.

No era un trapo, era una niña de 14 años indefensa.

Tres años después la “justicia” se ha pronunciado y le ha dicho a aquella niña indefensa que tenía 14 años que nadie la ha agredido.

Dan por hecho que ella se encontraba “en estado de inconsciencia, sin saber qué hacía y qué no hacía” y sin poder “determinarse y aceptar u oponerse a las relaciones sexuales”. También dan por hecho que la violación “fue extremadamente intensa y especialmente denigrante” para una menor que, además, “se encontraba en situación de desamparo”.

Pero nadie la ha agredido porque no les hizo falta emplear la “violencia” o, dicho de otra manera, porque, al parecer, en una violación grupal de una niña inconsciente no hay violencia. Ninguna. Salvo que le peguen una paliza.

Es más, ya sabemos también que, para algunos jueces, si estás consciente es mejor que provoques que te den una paliza, porque si no tampoco apreciarán violencia en que te violen, ni intimidación si prefieres no jugarte que te maten entre varios e, incluso, alguno verá “jolgorio”.

Para rematar la misma sentencia absuelve a un séptimo acusado porque no “podría haber hecho nada efectivo para evitar los delitos, cometidos por una pluralidad de hombres y en un descampado alejado de zonas habitadas donde poder encontrar auxilio, fuera para detener los ataques a la víctima o, en caso de enfrentarse solo a los atacantes, evitar la posible reacción agresiva de estos contra él”.

Es una pena que ese séptimo acusado no pudiera hacer nada para ayudarla, ni intentar detenerlo, ni intentar pedir ayuda ni... Es una pena que viendo que no podía hacer nada optara por masturbarse mientras presenciaba la violación. ¡¿Qué más podía hacer, qué más le vamos a exigir?!

En una violación grupal de una menor inconsciente no hay “violencia”.

El que se masturbaba mirando “no podía hacer nada para impedirlo”.

Esto no es justicia patriarcal.

Y en España no hay machismo.

Vamos a contar mentiras.


Noticia | eldiario.es


#NoEsAbusoEsViolacion #ViolenciaMachista #JusticiaPatriarcal #ManadaManresa

Desde antes de la primera sentencia y, más aún, después de la misma y hasta hoy mismo, todavía hay quien me ha comentado que el abogado de la piara (que se hacían llamar “manada”) solo estaba haciendo su papel defendiendo a sus clientes, como contestación a cada una de sus salidas, a cada uno de sus desprecios, a cada una de sus declaraciones. Y hoy vuelve a la carga y habrá quien le siga excusando porque “solo hace su trabajo”.

No, no estaba solamente defendiendo a sus clientes, no estaba esgrimiendo su conocimiento jurídico para lograr su absolución sin más. Su abogado se estaba comportando como cada uno de esos machos cavernarios que no han necesitado conocimientos de leyes para apoyar a cinco VIOLADORES.

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Ayer los jueces del Tribunal Supremo emitían su veredicto en el llamadoCaso de la Manada” corrigiendo las resoluciones anteriores que habían condenado la violación de una chica por parte de cinco hombres como abuso, y no como agresión sexual (aplicando por lo tanto una condena menor), al haber decidido mirar hacia otro lado para no creer en la existencia de intimidación suficiente contra ella.

La noticia del fallo final y la posterior detención de los cinco violadores, que llevaban un tiempo en libertad paseándose tranquilamente por las calles, fue recibida con alegría y como una victoria importantísima y necesaria. Y desde luego lo es, igual que ha sido importantísima y necesaria la reacción de gran parte de la sociedad que ha decidido no callar; pero también es una victoria aterradora.

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No fue abuso, fue violación. Pero recordemos...

Recordemos que todavía queda el caso de Pozoblanco.

Recordemos que se reían y aplaudían entre ellos por como eran capaces de abusar de una mujer inconsciente preguntando que habían hecho con ella después; si la habían convertido en otro caso Marta del Castillo.

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Mil mujeres asesinadas. No mil mujeres “muertas” como repiten los titulares cada vez que una mujer es acuchillada, tiroteada, estrangulada, tirada por una ventana. Porque no “mueren” como si hubiera sido su elección, como si no tuvieran nada mejor que hacer en ese momento. Son asesinadas.

Pensarlo. En cualquier otra circunstancia en la que habláramos de mil personas asesinadas nos llevaríamos las manos a la cabeza pero, aquí, el mayor problema es que una parte demasiado grande de la sociedad sigue mirando hacia otro lado. Y no me refiero únicamente a los que son tan despreciables que llegan a intentar minimizar asesinatos comparando cifras con las de fallecidos en la carretera o la construcción, restando importancia de esa forma a todas esas vidas, aunque hayan sido arrebatadas por las manos de otra persona, amontonándolas en una balanza al peso, insultándolas al usarlas de esa forma.

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