Un ejemplar de “macho blanco”

A veces recuerdo que en Facebook no solo hay una herramienta de mensajería que casi no uso (salvo que selecciones la opción “ir a una Conversación Secreta” la privacidad de Facebook Messenger es nula porque todo lo que escribes es escaneado por la red social) sino que los mensajes de quienes no están en mi lista de contactos se van a un oscuro rincón llamado “Solicitudes”.

En ocasiones me he encontrado allí perdidos, más de un año después, mensajes de personas normales que querían contactar conmigo pero, principalmente, Solicitudes” se ha convertido en el cubo de los despojos del odio de aquellos que se quedan pataleando tras leer algún comentario en abierto. Por eso, y porque no tiene precio imaginar a seres que buscan desesperadamente que les hagan casito y se encuentran con que pasan los días, semanas, meses o años sin respuesta, casi nunca entro a echar un vistazo.

Aún así en alguna ocasión merece la pena, por el ridículo que hacen, dedicarle un momento a alguno de estos ejemplos, como el de este ejemplar de “macho blanco que, además, he descubierto que ya me había escrito en Enero y tres meses después ahí sigue berreando.

Ni siquiera sé en qué publicación me habré cruzado con él, ni qué comentario habrá generado su estado de lástima perenne; pero en pocas palabras deja claro algo que es demasiado habitual. La coincidencia en muchos de estos ejemplares de un cúmulo de odios. Coincidencia que explicaba Miguel Lorente hace poco en su excelente artículo “Un hombre blanco hetero” a raíz de los atentados terroristas de Christchurch el pasado 16 de Marzo cometidos por alguien que se autodenominaba como “hombre blanco normal”.

Este ejemplar en concreto es la representación típica de aquellos que hacen lo que haga falta para no condenar nada que tenga que ver con el machismo, ya sea acoso, maltrato, violaciones o asesinatos; con una excepción, que puedan señalar a gente que venga de fuera, que tengan otra cultura, otro color de piel, u otra religión en este caso.

Dejando de lado cada vez que uno de estos ejemplares intenta generalizar con una religión que profesan, si no recuerdo mal, unos 1.600 millones de personas en el planeta (imaginemos si de la matanza de Christchurch, o de la isla de Utoya, o por ejemplo de cada crimen machista cometido por un cristiano generalizara con todos los que practican esa fe), hay algo que no falla en un machista: El que mientras niegan el machismo se dan por aludidos automáticamente cada vez que se señala el mismo. O dicho de otra forma, son los que se meten a sí mismos en ese saco en el que después claman compungidos que les meten “por ser hombres”.

Es norma en estos casos que, mientras se dan un baño de “lágrimas de macho”, intenten convertirlo en un asunto de “está insultando a todos los hombres”. De esa forma no solo se sienten menos solos con ese llamamiento a la hermandad entre machos sino que intentan justificar el darse por aludidos aunque nadie sepa ni quienes son.

Por supuesto ni merece la pena pedirles que aporten en qué momento has dicho esa generalización, o en este caso literalmente que “los españoles son una sociedad de machistas y violadores primitiva”, básicamente porque no existe. Pero no hace falta, está en sus cabezas y ellos son pobres ejemplares de machos blancos oprimidos que tienen que salir en defensa de todos los hombres. O más bien del concepto que tienen de “hombre” a partir de sí mismos porque, por mucha vergüenza ajena que den, si le dices a uno de ellos que vuelvan a su caverna, como buenos “machos alfa” se lo tomarán como un insulto a todos los especímenes masculinos a los que “representan”.

Y aquí estamos ante un ejemplo práctico. Uno donde la ceguera de su odio llega tan lejos que ni es capaz de entablar un discurso coherente, hasta el punto de que en realidad es él quien llama a los españoles “sociedad de machistas y violadores primitiva”. Primero porque es quien usa las palabras. Segundo porque ni siquiera se molesta en negarlo ya que lo único que le importa es el señalar a otros con ese “¡Y tú más!” de patio de preescolar.

Hagamos un pequeño inciso para destacar esa limitación a la hora de argumentar y razonar por desgracia tan habitual hoy en día desde la política hasta, por supuesto, el machismo o la xenofobia.

- Tú partido es corrupto. - El tuyo más. - Tu partido ha robado en Madrid. - Pues vosotros en Andalucía... - Habéis arruinado la educación, la sanidad, la... - ¡Venezuela! - Van 13 mujeres asesinadas por sus parejas en lo que va de año. - Pues también hay mujeres que matan. - La mayoría de mujeres ha sufrido acoso sexual alguna vez en su vida. - Pues a mí una vez una mujer me dijo... - Se producen cuatro violaciones diarias... - Pues España es uno de los mejores países... (es decir “Pues en otros países más...”) - Se ha descubierto que otra diócesis había ocultado cientos de casos de pederastia durante décadas. - Con Mahoma no te atreves.

Ese tipo de “argumentos”, que uno pensaría se abandonan en cuanto se alcanza un mínimo de madurez (7 u 8 años de edad), define perfectamente a quien los usa ya que en ningún caso rebate, niega o desmonta la primera afirmación sino que su mayor baza consiste en responder “Tú también / Tú más”.

Pero, volviendo a estos ejemplares de macho blanco, de nuevo da igual la fragilidad de su discurso porque, como dirían los de Pantomima Full, “En su cabeza era espectacular.

Y ahí es donde está la diferencia. Eso es lo que son incapaces de comprender. Y sobre todo ahí queda patente lo que les importa.

A los machistas que usan como argumentación su xenofobia no les importa el machismo aunque parezca que lo denuncian (siempre que el criminal sea de fuera).

No les importa que año tras año los machistas asesinen a una mujer por semana por creerse con derechos sobre ellas, que sumen casi 1.000 asesinadas en década y media (más que la banda terrorista ETA en sesenta años de horror), que ni siquiera sea el número total de víctimas porque solo se contabilizan las asesinadas por aquellos con quienes tuvieron una relación (quedan fuera casos como el de Diana Quer o Laura Luelmo).

Les da lo mismo que se haya pasado de tres violaciones diarias a cuatro (en todo caso te dirán que ha aumentado el número por la inmigración pero no les importará el número previo) y que esos sean solo los casos denunciados mientras muchos más se intentan superar mediante el silencio ante el miedo al juicio de la sociedad a quien ha sido violada. Ya sabéis: Cómo vestía, por dónde caminaba, si iba sola, a qué horas, si había bebido, si había coqueteado, si se opuso lo suficiente, etc.

En realidad ponen su xenofobia por encima de cualquier condena al machismo porque básicamente para ellos el único valor de una víctima del machismo es el de usarla para salpicar con sus espumarajos de odio xenófobo, y por eso no entienden que tú pongas el machismo por encima del origen del criminal.

Para ellos lo único que importa es señalar la procedencia. Por eso callan si son “muy y mucho españoles” o incluso gritan automáticamente “denuncias falsas” mientras exigen a los demás, solo si el criminal es de fuera (no les escucharás si el criminal es español que se diga de qué comunidad), que se señale su origen.

Por eso no entienden que te produzca la misma repugnancia cualquier crimen machista sea cual sea el origen, color, cultura o religión del criminal. Por eso no entienden que te parezcan vomitivas las piaras que se hacen llamar “manadas” sean de donde sean.

Porque para ellos solo hay “manadas” o “buenos chicos que no necesitan violar, aunque los “buenos chicos” hablen de llevar burundanga o se pasen vídeos abusando sexualmente incluso de mujeres inconscientes.

Para el ejemplar de macho blanco lo único que no importa es la víctima. Porque son machistas. Y xenófobos. ___ #MaleTears #Machismo #Xenofobia