Vamos a contar mentiras

En 2016 tenía 14 años.

Había bebido y fumado algún porro en un botellón y perdió la consciencia.

Un hombre se la llevó y la violó. No era “todos los hombres” pero sí un hombre que seguramente se las da mucho de serlo, como suelen ser estos “hombres”.

Volvió a avisar a sus amigos, porque los que también se las dan de macho se sienten más machotes con sus amigos.

Se repartieron turnos. Programaron el tiempo que les correspondía.

No era un trapo, era una niña de 14 años indefensa.

Tres años después la “justicia” se ha pronunciado y le ha dicho a aquella niña indefensa que tenía 14 años que nadie la ha agredido.

Dan por hecho que ella se encontraba “en estado de inconsciencia, sin saber qué hacía y qué no hacía” y sin poder “determinarse y aceptar u oponerse a las relaciones sexuales”. También dan por hecho que la violación “fue extremadamente intensa y especialmente denigrante” para una menor que, además, “se encontraba en situación de desamparo”.

Pero nadie la ha agredido porque no les hizo falta emplear la “violencia” o, dicho de otra manera, porque, al parecer, en una violación grupal de una niña inconsciente no hay violencia. Ninguna. Salvo que le peguen una paliza.

Es más, ya sabemos también que, para algunos jueces, si estás consciente es mejor que provoques que te den una paliza, porque si no tampoco apreciarán violencia en que te violen, ni intimidación si prefieres no jugarte que te maten entre varios e, incluso, alguno verá “jolgorio”.

Para rematar la misma sentencia absuelve a un séptimo acusado porque no “podría haber hecho nada efectivo para evitar los delitos, cometidos por una pluralidad de hombres y en un descampado alejado de zonas habitadas donde poder encontrar auxilio, fuera para detener los ataques a la víctima o, en caso de enfrentarse solo a los atacantes, evitar la posible reacción agresiva de estos contra él”.

Es una pena que ese séptimo acusado no pudiera hacer nada para ayudarla, ni intentar detenerlo, ni intentar pedir ayuda ni... Es una pena que viendo que no podía hacer nada optara por masturbarse mientras presenciaba la violación. ¡¿Qué más podía hacer, qué más le vamos a exigir?!

En una violación grupal de una menor inconsciente no hay “violencia”.

El que se masturbaba mirando “no podía hacer nada para impedirlo”.

Esto no es justicia patriarcal.

Y en España no hay machismo.

Vamos a contar mentiras.


Noticia | eldiario.es


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