Victorias aterradoras

Ayer los jueces del Tribunal Supremo emitían su veredicto en el llamadoCaso de la Manada” corrigiendo las resoluciones anteriores que habían condenado la violación de una chica por parte de cinco hombres como abuso, y no como agresión sexual (aplicando por lo tanto una condena menor), al haber decidido mirar hacia otro lado para no creer en la existencia de intimidación suficiente contra ella.

La noticia del fallo final y la posterior detención de los cinco violadores, que llevaban un tiempo en libertad paseándose tranquilamente por las calles, fue recibida con alegría y como una victoria importantísima y necesaria. Y desde luego lo es, igual que ha sido importantísima y necesaria la reacción de gran parte de la sociedad que ha decidido no callar; pero también es una victoria aterradora.

Es una victoria y, sin embargo, estamos teniendo que aplaudir como un logro, en pleno 2019, que no haga falta que maten a una mujer para que no haya dudas sobre si la agredieron. Que no haga falta que se juegue la vida para que no pongan en duda si dejó suficientemente claro que no quería que la violaran. Que lleguen a la conclusión de que cinco tíos que usan a una chica como si fuera un trapo y la dejan tirada mientras le roban el móvil intimidan lo suficiente para que solo deseara que terminaran y la dejaran.

Es una victoria y, sin embargo, hemos visto como en un programa de televisión se hablaba de la responsabilidad de “ella y ellos” y hemos visto como publicaban si la chica parecía tener la desfachatez de querer volver a tener una vida saliendo con sus amigas.

Es una victoria pero hemos visto como en redes se publicaban, entre insultos, sus datos, sus fotos personales, donde estudiaba y como se la podía encontrar.

Es una victoria y, sin embargo, ahora más que nunca sabemos todos los que le han dado su apoyo a los violadores. Todos los que le han echado la culpa a ella diciendo que de alguna manera lo provocó, que de alguna manera se lo buscó.

Es una victoria. Pero es aterradora. Porque sabemos hasta que punto es posible que prefieran no creer y culpar a una mujer. Y porque, mientras muchos comentarios señalan que otros se lo pensarán mejor, que por fin aprenderán que “solo sí es sí”, es imposible no ser conscientes de cuantos han justificado a esa piara porque piensan lo mismo que ellos y, si pudieran, actuarían exactamente igual.


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