Vivir con el color “equivocado”

No voy a enlazar el vídeo (cualquiera puede buscarlo por el contrario si lo desea) porque llevo desde ayer intentando luchar en mi cabeza con las sensaciones al ver retransmitido el asesinato de George Floyd. Un asesinato que duró minutos. Cometido por un policía.

No voy a entrar siquiera en el motivo de la detención ni si justificaba que fuera esposado, porque absolutamente nada justifica lo que es simple y llanamente un asesinato de una persona indefensa.

El asesinato de una persona que se encuentra en el suelo bocabajo, esposada, incapaz de ofrecer resistencia, con cuatro policías a su alrededor, con uno de ellos con la rodilla contra su nuca, oprimiendo su cuello.

Mientras los minutos pasan se puede ver a Floyd suplicando, exclamando que le duele, diciendo que le van a matar, repitiendo una y otra vez que no puede respirar, mientras intenta mover la cabeza y boquea, cada vez con menos fuerza, cada vez con menos voz, hasta que deja de hacerlo. Hasta que sus ojos se cierran. Pero el policía sigue apretando con su rodilla, incluso cuando Floyd lleva un rato sin moverse.

La gente que observa la escena increpa a los policías e incluso reclaman repetidas veces que al menos le tomen el pulso... Pero la rodilla sigue contra su cuello.

No voy a valorar tampoco si Floyd era mejor o peor persona, eso lo saben quienes le conocían, pero ningún ser humano que quiera ser considerado como tal puede justificar lo que se ve en ese vídeo.

En un país donde el color de la piel aumenta las posibilidades de terminar muerto por un “error” policial y hay infinidad de casos porque “se parecía a un sospechoso”, “parecía que iba armado”, “le pidieron que se detuviera pero no hizo caso (iba con auriculares)” y excusas como “es que nos jugamos la vida” o “pues si un día te pasa algo no llames a la policía”, ver como alguien puede usar un uniforme para asesinar a un ser humano indefenso y que no supone una amenaza, a plena vista, es terrorífico.

Alguno dirá que no le importa, que no tiene que ver con nosotros, que no nos afecta, pero no solo es que el movimiento “Black Lives Matter” no se limita a EEUU o que en España mismo se haya denunciado más de una vez las identificaciones respondiendo a perfiles raciales; es que el gesto de protesta en eventos de quienes ponen una rodilla en el suelo durante el himno ha recibido como respuesta para desacreditarlo la acusación de ser un insulto a la bandera, al himno, al país; y presiones y señalamientos para que la jauría “patriótica” se eche encima de quien lo hace considerándole un traidor.

Y esa estrategia suena demasiado aunque alguno se revuelva negando la comparación incómodo o crea que es simplista; porque que haya quien enarbola proteger el orgullo de trapos y fanfarrias por encima de los derechos de los seres humanos, que esgrima como cualidad ser un “patriota/americano/español de bien”, no es algo que precisamente nos quede tan lejos como para no tener en cuenta hacia donde nos dirigimos.


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